En la inmensidad del espacio musical siempre se puede elegir un paseo lleno de posibilidades de descubrimiento y enriquecimiento emocional, del mismo modo que en una travesía por la enorme gama de paisajes que nos regala la naturaleza.
E igualmente que en un paseo, uno puede
detenerse y contemplar largamente la inefable belleza del mundo sinfónico de un
compositor, tanto como caminar y recorrer los vericuetos de las nuevas formas
que aportó el siglo XX.
Y al igual que el paisaje, nunca se agota
y siempre se renueva, por lo tanto no hay límite para explorar y reexplorar,
profundizando cada vez más el conocimiento y, más importante aún, enriqueciendo
la experiencia y la conexión emocional con ese maravilloso mundo que es la
música, el último refugio de la poesía sin palabras.
PASEOS MUSICALES 1
EL FIN DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX
Las vivencias de uno de los momentos más
críticos del mundo occidental y su traducción en la música, haciendo también
mención a otras formas artísticas.
Apogeo y evolución del romanticismo
Las poderosas intuiciones
Caminando por el borde
Los nuevos caminos
Grupos de 6 personas
Cuatro sesiones, los días jueves, de
19:00 a 21:00, a partir del 16 de agosto. ¡Inscríbete!
A propósito de una charla con mi amigo Gabriel Bunster acerca de la conexión y el trabajo en equipo, se me ocurrió traer al blog un bello ejemplo: el primer movimiento del Cuarteto No.2 de Borodin, interpretado por el Cuarteto Kopelman. Mikhail Kopelman fue, durante veinte años, el primer violín del Cuarteto Borodin, tal vez el más excelso cuarteto de todos los tiempos.
La forma del cuarteto de cuerdas es tal vez el más exquisito ejemplo de "destilado musical", vigente ya desde los tiempos fundacionales de Haydn hasta nuestros días. No sólo la escritura de la forma cuarteto es una suerte de compendio expresivo llevado al extremo, también la forma "física" del cuarteto (dos violines, viola, cello) nos muestra cómo la "conexión" permite volar y fluir por esos insospechados espacios de la inspiración musical. No casualmente muchos de los mejores compositores de primera línea, siendo grandes sinfonistas, llegaron en la etapa final de sus vidas a este excepcional territorio del cuarteto de cuerdas, en el que volcaron toda su sabiduría y su capacidad de síntesis.
En el video del Cuarteto Kopelman se puede apreciar cómo "respiran" sincronizadamente para que el lirismo de Borodin aparezca en todo su esplendor. Se mueven como hojas de una maravillosa planta mecida por una envolvente brisa.
La conexión suele ser mágica, todos volando alrededor de un mismo centro que no está en ningún lado o, mejor dicho, está dentro de nosotros mismos. Y en el caso de estos excepcionales intérpretes, en ese mecerse y en esa
sincronicidad la música envuelve con su brillo, la música captura. Tanto a quienes
la hacen como a quienes la escuchan...
En una de las primeras reuniones en las que participé con los amigos de la Akademia (link pendiente) fui invitado a hacer una sesión de música para compartir con ellos. Después de mucho pensar (bueno, tampoco tanto...) decidí que, entre las múltiples opciones disponibles. un buen hilo conductor de la escucha podía ser mostrar los cambios de curso en el camino de la historia musical a través de ejemplos de composición o interpretación.
El encuentro se llamó "Las músicas que cambiaron el mundo" y los ejemplos, sin seguir un estricto orden cronológico y sin distinción de géneros, intentaron ejemplificar algunas de las innovaciones y sustanciales cambios de dirección que marcaron lo que conocemos como la historia de la música.
Como pequeño ejemplo de este recorrido, baste mencionar la historia que contaba Vinicius de Moraes acerca del inicio de la bossa nova, cuando los "nombres" de entonces (Vinicius, Tom Jobim, etc.) se reunían habitualmente en el legendario "Castelinho", inquietos en la búsqueda de las nuevas formas de la música brasileña. Y cómo un menudo y tímido muchachito que a veces aparecía por ahí, un día se animó a tocar delante de ellos y cómo, después de escucharlo, Jobim dijo "Señores, es esto...". Ese muchachito se llamaba Joao Gilberto.
Sin duda, la limitación de tiempo hizo que la "muestra" fuera acotada, pero de todas maneras la experiencia fue valiosa y creo que el impacto emocional, que es en realidad lo que más importa, fue profundo. Tanto es así que me animé a concluir el encuentro con la escucha de "Metamorfosis" de Richard Strauss, que si bien caía fuera de los límites del marco de referencia (músicas que cambiaron el mundo), me pareció que podía ser un cierre contundente por la tremenda carga emotiva de la obra.
A lo largo de toda la sesión, pude apreciar en las caras de mis amigos cómo la escucha guiada les abría insospechados paisajes y conseguía cautivarlos, no porque fueran, como en algunos casos, músicas desconocidas sino porque, más pronto o más tarde, iban consiguiendo cambiar el "modo" de la escucha y después ya era diferente el brillo en sus ojos.
Hace muchos años, estando en casa con un buen amigo, empresario de mudanzas y especialista en mover pianos, le pedí que llevara un piano vertical desde una habitación de la casa a otra. Accedió, como siempre de buen grado, y con una sonrisa algo enigmática me dijo que podíamos hacerlo en ese mismo momento si yo me animaba a darle una mano. Lo miré con cara de incredulidad, pensando que lo decía en broma, pero él insistió, siempre sonriente, que la cosa iba en serio.
Trajo los elementos de su camioneta y confiando en él, como siempre lo hice, dejé que me pusiera el arnés y que colocara el gancho debajo de uno de los extremos del piano, lo que me dejó un poco agachado. Siempre con una sonrisa, me preguntó si estaba listo y a su cuenta de tres intenté levantar el piano. Ni qué decir que no pude moverlo ni un milímetro. Ya a esta altura de los acontecimientos, la sonrisa de mi amigo Carlos se había convertido en franca risa...
Y se produjo el siguiente diálogo:
Carlos (entre risas) - ¿Qué hiciste?
Yo - Y... traté de levantar el piano.
Carlos - Pero hiciste una fuerza bárbara y te pusiste rojo como un tomate.
Yo - Bueno, el piano no es una pluma que digamos...
Carlos - Pero la cosa no es así, es mucho más fácil. Si te arrimas bien pegado al piano y después tratas de levantarte de a poco, el piano vendrá contigo.
Siempre amparado en la confianza, hice lo que me decía y, para mi enorme sorpresa, pude levantar el piano. No digo que sin esfuerzo pero con una naturalidad que aún hoy recuerdo como increíble.
La enorme lección, a la que siempre estoy agradecido, fue comprender que para abordar las cosas hay que aprender primero a colocarse de la manera adecuada. Y después lo asocié con la música, concluyendo que descubrir el "cómo ponerse" frente a la experiencia musical es la clave para una auténtica comprensión en profundidad.
A propósito de la anomia que progresivamente nos invade, es refrescante volver a oír el primer movimiento de la 5a. sinfonía de Beethoven, tal vez uno de los ejemplos de mayor perfección formal en el campo de la literatura sinfónica.
En el mundo que nos rodea vemos con harta frecuencia, demasiada diría, el diseño aluvional tan propio del posmodernismo, con su mezcla de elementos y colores de distinta génesis y paleta; y la resultante, como no podría ser de otra manera, son formas por demás arbitrarias y extravagantes, como si eso fuera garantía de modernidad e innovación.
En cambio, Beethoven nos muestra en ese primer movimiento cómo se puede desarrollar una "gran forma" a partir de una célula simple,
y su primera derivada,
para luego desarrollar y explotar todo su potencial interno. Bastante parecido a lo que hace la naturaleza, ¿verdad?
Y no es que este criterio se corresponda con fases históricas o movimientos culturales anteriores. Hay excelentes ejemplos de diseño integral en la primera mitad del siglo XX, en arquitectos como Frank Lloyd Wright
A veces, de tanto transitar por alguna zona del arte uno se queda con la sensación de haber conocido casi todo lo que merece serlo. Pero siempre hay alguna afortunada situación que lo quita a uno de esa tonta creencia y le muestra que hay mucho, pero muuuuuuuuuuucho por ver y aprender/aprehender.
En relación a la música sinfónica, debo decir que me ha ocurrido varias veces, por suerte, y espero que esa cadena de inesperadas conexiones no se corte nunca.
Hubert Parry
La última ocasión me sucedió escuchando Radio Beethoven, buena compañera en mis diarios viajes hacia y desde la universidad. Una de esas tantas mañanas de ida, encendí la radio y me topé con una seductora música que no conocía y que además no conseguía "identificar". Podía percibir algunas resonancias, ecos de Bruckner y de Brahms, y algunos atrevimientos más avanzados; y al tiempo que seguía tratando de "ubicarla" no dejaba de disfrutar la fluidez, el vuelo lírico y la majestuosidad del ropaje sinfónico. Tuve la suerte de que los horarios coincidieran y que la obra terminara antes de entrar a clase, y así enterarme que el autor era un tal Hubert Parry, obviamente inglés. En la tarde Google, Wikipedia y Amazon, y buenísimos resultados. Toda la información necesaria y la grata noticia de que existía una caja de 3 CDs con la obra sinfónica completa, con la London Philharmonic dirigida por Matthias Bamert. Gracias a los buenos oficios de un querido amigo de Buenos Aires que me "prestó" la dirección (por razones desconocidas, Amazon no hace envíos a Chile...) pude hacerme con la caja y zambullirme de lleno en su obra (se me ocurrió pertinente incluir en esta entrada sus "Variaciones sinfónicas"). Curioso caso el de Hubert Parry, porque los ingleses parecen haberse quejado de no tener figuras de importancia en el campo sinfónico hasta la aparición de Elgar y Vaughan Williams, y no alcanzo a comprender por qué dejan de lado a esta nada desdeñable figura de fines del siglo XIX y principios del XX.
Me hace recordar el caso de Giuseppe Martucci en Italia pero, pensándolo bien, esa es otra historia que dejo para más adelante. Por ahora, disfrutemos de la luz que la casualidad arrojó para mí sobre esta fascinante obra.