sábado, 26 de noviembre de 2011

Descubrimiento de Hubert Parry

A veces, de tanto transitar por alguna zona del arte uno se queda con la sensación de haber conocido casi todo lo que merece serlo. Pero siempre hay alguna afortunada situación que lo quita a uno de esa tonta creencia y le muestra que hay mucho, pero muuuuuuuuuuucho por ver y aprender/aprehender.

En relación a la música sinfónica, debo decir que me ha ocurrido varias veces, por suerte, y espero que esa cadena de inesperadas conexiones no se corte nunca.

Hubert Parry
La última ocasión me sucedió escuchando Radio Beethoven, buena compañera en mis diarios viajes hacia y desde la universidad. Una de esas tantas mañanas de ida, encendí la radio y me topé con una seductora música que no conocía y que además no conseguía "identificar". Podía percibir algunas resonancias, ecos de Bruckner y de Brahms, y algunos atrevimientos más avanzados; y al tiempo que seguía tratando de "ubicarla" no dejaba de disfrutar la fluidez, el vuelo lírico y la majestuosidad del ropaje sinfónico. Tuve la suerte de que los horarios coincidieran y que la obra terminara antes de entrar a clase, y así enterarme que el autor era un tal Hubert Parry, obviamente inglés. En la tarde Google, Wikipedia y Amazon, y buenísimos resultados. Toda la información necesaria y la grata noticia de que existía una caja de 3 CDs con la obra sinfónica completa, con la London Philharmonic dirigida por Matthias Bamert. Gracias a los buenos oficios de un querido amigo de Buenos Aires que me "prestó" la dirección (por razones desconocidas, Amazon no hace envíos a Chile...) pude hacerme con la caja y zambullirme de lleno en su obra (se me ocurrió pertinente incluir en esta entrada sus "Variaciones sinfónicas"). Curioso caso el de Hubert Parry, porque los ingleses parecen haberse quejado de no tener figuras de importancia en el campo sinfónico hasta la aparición de Elgar y Vaughan Williams, y no alcanzo a comprender por qué dejan de lado a esta nada desdeñable figura de fines del siglo XIX y principios del XX.

Me hace recordar el caso de Giuseppe Martucci en Italia pero, pensándolo bien, esa es otra historia que dejo para más adelante. Por ahora, disfrutemos de la luz que la casualidad arrojó para mí sobre esta fascinante obra.

lunes, 21 de noviembre de 2011

miércoles, 10 de junio de 2009

Los animales de la música

Primera versión

Jorge y yo en "El zorro"
Después de la experiencia del “Colón Opera Concerto”, Jorge de la Vega y yo quedamos con ganas de hacer algún otro proyecto y café va, café viene, en la esquina de Canning y Cabello, se nos ocurrió hacer un concierto para chicos basado en música que estuviera dedicada, o que de algún modo hiciera alusión a animalitos. Y así comenzamos a anotar: “El murciélago”, “La pantera rosa”, “El pájaro loco”, “Tiburón”, “Faivel”, “El cóndor pasa”, “El vuelo del moscardón”, “Pájaro campana”, “Pedro y el lobo”, “El zorro”... y por supuesto, cada nueva anotación era una carcajada por las cosas que se nos iban ocurriendo para la puesta en escena. Creo que el mayor delirio fue cuando armamos el inventado viaje de “Manuelita”, ese entrañable personaje de la aún más entrañable María Elena Walsh, haciéndola pasar por distintas épocas y toparse con diferentes compositores. Primero hacíamos cantar a toda la sala, chicos y grandes, y luego se escuchaba la “cruza” de Manuelita con Vivaldi (“La primavera”), con Beethoven (“5a. sinfonía”), con Tchaikovsky (“Cascanueces”) y finalmente con Ravel (“Bolero”). Lo estrenamos en el Teatro avenida Avenida, con el auspicio de la Fundación Konex y fue un bombazo. También se repitió al año siguiente, ya sin el apoyo de Konex, y luego lo presentamos en Córdoba, pero la marcha se detuvo. Creo que “Los animales de la música” merecía mejor suerte...

 Segunda versión

Y la vida siempre da revancha... En el segundo semestre del 2005 hubo un retorno con algunas funciones en el Teatro Colón, y aunque las condiciones escénicas no eran las mejores (sólo se podía utilizar el proscenio) resultaron todo un éxito. Tanto es así que en el 2006 hicimos más de veinte funciones durante las vacaciones de invierno. Y a sala llena! Los cambios en la segunda versión fueron el reemplazo de “Manueleces” (Manuelita-Cascanueces), por la “Polka de Manuelita” (Manuelita-Tritsch-tratsch polka). El éxito fue impresionante, cada tanto reaparece (Auditorio Belgrano, Asunción del Paraguay), y hay muy buenas perspectivas de volver a presentarlo durante el 2012.

Quinteto Maderas

Con Juan Carlos Bazán (clarinete) y Alfonso Ferramosca (clarinete y saxo tenor), dos talentosos músicos de jazz tradicional, nos conocemos desde los tiempos de la escuela secundaria, cuando éramos habitués del Hot Club de Buenos Aires. Después de muchos años nos reencontramos en las jam sessions de los sábados a la tarde en la casa de Alfonso Fassi (trompeta), con quien además nos conocíamos desde la escuela primaria; y con Bazán seguimos viéndonos socialmente y en Bix, un simpático boliche dedicado al jazz que desafortunadamente duró muy poco.

En una fiesta de cumpleaños de Carlos Inzillo, un entusiasta e incansable difusor del jazz, coincidimos tres clarinetes: Juan Carlos Bazán, Beto Wassington y yo; nos pusimos a tocar “en trio” y fue tan divertido (e insólito) que la idea me quedó flotando. Tiempo después le propuse a Bazán armar un grupo y en seguida se prendió el inefable Ferramosca como segundo clarinete. Después se agregaron Fili Savloff en guitarra y Juan Antonio Rodríguez en contrabajo.

Comenzamos a ensayar en la casa de Bazán en Belgrano y a los pocos meses el mismo Inzillo (¿quién si no?) nos invitó a presentarnos en su histórico ciclo de la Sala AB del Teatro San Martín de Buenos Aires. Nos preparamos mucho y, a pesar de algunos tropiezos, olvidos y otra peripecias, el debut salió bien y por suerte quedó el testimonio en video. Después intentamos seguir pero algo había cambiado y una cierta onda se había evaporado. Fue debut y despedida, como diría Chico Novarro, pero sin ninguna duda valió la pena.

Hace unas pocas semanas copié el audio en un CD y lo escucho con regularidad en mis viajes a la universidad. Voy a comenzar las gestiones para intentar editar el material porque me parece una maravilla, mucho swing, muchas ideas y en cada segundo se oye el placer de recrear esas joyitas del pasado en un formato infrecuente. De todo el material elegí "Limehouse blues" como "muestra" de lo que hacíamos.

lunes, 20 de octubre de 2008

Gershwin, el hombre que amamos

Primera versión

En una visita de Lalo Schifrin a Buenos Aires, en 1997, me encontré con Baby López Furst y Jorge Navarro, a quienes hacía un tiempo que no veía, y unas semanas más tarde nos citamos con Jorge a tomar café y recordar viejos tiempos. Justo por esa época me propusieron armar un ciclo de tres conciertos de “fusión” para una fundación y propuse, con una orquesta sinfónica como base, un concierto de tango con Jairo y Rodolfo Mederos, uno de jazz con el dúo de pianos Jorge Navarro-Baby López Furst y un tercero con cantantes haciendo comedia musical. Mientras esperaba la respuesta me quedé pensando que al concierto de jazz, que iba a ser sobre la base de standards, le faltaba un remate que tuviera “punch”, hasta que un día se me ocurrió que sería fantástico hacer una versión jazzeada de “Rhapsody in blue”.

Con Jorge & Baby
Me encontré con Jorge en un bar y cuando empecé a contarle la idea se puso como loco y empezó a saltar y a gritar su conocido “No... no... no puede ser...” Yo estaba desconcertado y por un instante pensé “Se enojó... no le gustó...” Cuando se calmó, me explicó que la excitación era porque hacía seis meses que él y Baby estaban pensando en lo mismo, incluso lo habían comentado con el Maestro Calderón, pero no avanzaban porque no sabían quien podría animarse a escribir la versión. Con todo el entusiasmo, le dije que me animaba y además él a su vez me propuso que el programa fuera dedicado sólo a Gershwin. Hasta tenían el nombre “Gershwin, el hombre que amamos”, obviamente una paráfrasis de su tema más conocido, y acepté enseguida porque me pareció una idea brillante.

Al final, el ciclo no se concretó pero no quisimos dejar caer la idea, y Baby y yo nos pusimos a trabajar en los arreglos y hasta llegué a hacer una primera versión jazzeada de la “Rhapsody” para dúo de pianos, que Jorge y Baby estrenaron en el show que hacían en “Opera prima”. Nunca dejaré de lamentar que no haya quedado grabación de esa versión... Más tarde y con el auspicio de Hiram Walker y el apoyo de Alberto Alonso (director) y Parmigiani (jefe de escenario) estrenamos en el Teatro Avenida (1.000 butacas!!). Con todo el susto del mundo anunciamos dos funciones (y eran en martes...), pero apenas se abrió la boletería las entradas volaron. Para hacerla corta, hicimos ocho funciones a sala repleta y tuvimos que parar porque yo tenía compromiso de unos conciertos en Caracas. Pero conseguimos repetir el ciclo al año siguiente, también en el Avenida, y además lo presentamos en Córdoba, en Santa Fe, en Mar del Plata y en São Paulo (Brasil). Se grabó en audio y video, hubo contactos para presentarlo en EEUU, hubo proyectos de una segunda versión que incluía el Concierto en Fa, en fin, daba para mucho más pero la prematura y lamentada muerte de Baby cerró este capítulo. Lo he dicho muchas veces, y sigo sintiéndolo: de las muchas, muchísimas noches de felicidad y alegría que tuve la suerte de vivir en el escenario, si tuviera que elegir una, sin dudas elegiría una de esas noches de “Gershwin” en el Avenida. Era puro placer estar ahí, con esos musicazos y con Jorge y Baby produciendo tanta belleza.

Segunda versión

Con el trío en el Festival de Campana
Y la vida siempre da revancha... A principios del 2006 tuvimos el ofrecimiento de reeditar el homenaje a Gershwin. Lo hablamos mucho con Jorge y decidimos hacerlo con orquesta y trío, porque teníamos nostalgia de esas noches y porque pensamos que era una manera de mantener vivo el recuerdo y la magia de los arreglos de Baby. Esta nueva versión se estrenó en Mendoza en el festival “Los caminos del vino”. A mediados de año nos ofrecieron hacerlo en el Teatro Colón, y a pesar de estar muy “sobre la hora” y otros inconvenientes, hicimos dos funciones a sala repleta. Fueron dos noches de mucha felicidad en las que sólo lamentamos la ausencia del querido Baby. Como tantas veces sucede, nos quedamos con ganas de más y más tarde nos animamos a dos funciones en el Teatro Coliseo, esta vez con la grabación a cargo de Carlos Piriz y editado por Acqua Records. Se hizo algunas veces más, en el Parque 3 de febrero, en el Festival de Jazz de Campana, en Tucumán, en el Teatro Opera, en el Auditorio Amijai, etc. El proyecto sigue vivo, y cada tanto se repite con gran éxito. Y como guinda de la torta, Acqua editó una caja con el video de la primera versión (Teatro Avenida) y un CD de la primera y memorable presentación del dúo Navarro-López Furst, en el hall del teatro San martín (1986),

sábado, 10 de noviembre de 2007

Offside Chamber Orchestra

Cuando tuve que ponerme a aprender a toda máquina cómo demonios se hacía para “mover” una orquesta, y poder dirigir en Rosario la primera versión de las “Veladas espeluznantes”, se me ocurrió armar un “octeto de entrenamiento” (flauta, clarinete, corno, cuarteto de cuerdas y contrabajo). Ensayábamos con todas las partituras “reducidas”, en el Teatro del Globo gracias al buenazo de Cacho Carcavallo y más que nada gracias a la infinita paciencia y buena voluntad de los músicos que me acompañaron en la aventura. Me acuerdo solamente de algunos (Elías Gurevich, Juan Roqué Alsina, Marcelo Bru, Gabriel Pinette, Luis Tauriello, Fernando Chiappero) y pido disculpas por la mala memoria, tal vez algún alma caritativa que lea esto me acerque más datos.

El hecho es que a fines del ´94 la idea de tocar repertorio sinfónico en reducción me volvió a rondar y armé una sinfónica en miniatura con flauta, oboe, dos clarinetes, fagot, dos cornos, trompeta, trombón, bajo/percusión, guitarra/percusión, cuatro primeros violines, tres segundos, dos violas, dos cellos y contrabajo, con la posibilidad de “estrenarla” en una fiesta empresaria. El programa incluía algunos “juegos”, obras serias (Faure, Dvorak y otros), anécdotas, en fin, toda una apuesta... Como es habitual, tocamos después de la cena y el clima general, como a veces sucede en estos eventos, no parecía ser muy favorable, sobre todo teniendo en cuenta que “abríamos” con un vals de Johann Strauss y no precisamente uno de los más movidos (Rosas del Sud). Creo que los ganamos con la sorpresa, al principio estaban como desconcertados pero al tercer tema “estaban adentro” y cuando cerramos con la “Pequeña música hebrea” aplaudían subidos a las mesas...

Al año siguiente hicimos unas cuantas presentaciones y llegamos a hacer una temporadita en la reapertura del Teatro Lassalle, pero era lógico que tuviera corta duración, éramos veinticuatro en un tiempo en que todo grupo musical de más de tres comenzaba a ser un exotismo. De todos modos valió la pena, nos divertimos mucho, hicimos buena música y hasta nos dimos el lujo de cerrar el ciclo haciendo de bis, y con dos cantantes, las tres arias del final del primer acto de "La Bohème".

miércoles, 10 de octubre de 2007

Humor, con Acher

Cómo empezó la historia...

 A fines de 1992 iba con cierta frecuencia a un simpático pub del barrio de Belgrano que se llamaba “Merlyn”. Tomando café con los dueños, en marzo del ´93, me preguntaron si no tenía ganas de hacer alguna presentación. No es que no tuviera nada preparado, es que nunca se me había ocurrido presentarme solo y me preguntaba “¿haciendo qué?”...

Casualmente, por esa época nos juntábamos con Rudy (Marcelo Rudaeff) a tomar café, y le propuse que armáramos un unipersonal de puro humor y sin nada de música, pues poco o nada podía hacer yo solo. Después de reírnos varias semanas con los disparates que escribíamos, le fuimos dando forma y decidí hacer el experimento de enfrentarme al público solito yo y mi alma. En mayo del ´93 se anunció la presentación de “Humor, con Acher” por dos sábados. El personaje era un señor que se veía obligado a dar una conferencia sobre humor pero cuyo texto le evocaba chistes, hasta que dejaba los papeles de lado y terminaba contando chistes “a pedido del público”. Para el segundo sábado ya se hicieron dos funciones, a la semana siguiente una el viernes y dos el sábado, y en el boliche que se llenaba con unas noventa o cien personas había noches de ciento treinta y más. Para hacerla corta, lo hice durante todo ese año y el siguiente. Luego lo hice en el “Paseo La Plaza”, “Teatro de la cova”, “Clásica y moderna”, “Opera Prima”, en el interior, en Chile, etc. Con el tiempo se fue renovando y lo que fue un “experimento” de dos sábados duró mucho más de lo imaginado y todavía hoy, cuando lo saco ”de la galera” más actualizado y flexible, sigue funcionando como en sus mejores días.

La ventaja del esquema es que, por suerte, los chistes no se acaban nunca...